“¿Dijiste ”clima emocional»?”

¿Alguna vez has notado que nuestras emociones se comportan de manera muy similar al clima? El clima cambia, las temperaturas suben y bajan, y el cielo se aclara o se oscurece repentinamente. En un momento hace sol y al siguiente llega una tormenta. Algunos días llueve suavemente, otros llueve intensamente, y no hay dos días de otoño que sean exactamente iguales. Nuestra vida emocional refleja este ritmo. Las emociones varían en cuanto a clima, temperatura e intensidad. Nunca son estáticas; van y vienen, cambian y evolucionan.

Sin embargo, la mayoría de nosotros nos vemos sorprendidos por nuestras emociones, ya que a menudo aparecen cuando menos las esperamos, sin ser invitadas, sin previo aviso y, en ocasiones, sin ser bienvenidas. Dado que a pocos de nosotros se nos ha enseñado cómo lidiar con nuestras emociones, a menudo desarrollamos una relación complicada, y en ocasiones incluso hostil, con ellas.

Intentamos ignorarlas, reprimirlas o adormecerlas con la esperanza de que la vida sea más fácil si simplemente las dejamos de lado. Pero, ¿ha funcionado alguna vez? Las mismas emociones que intentamos enterrar resurgen inevitablemente, a menudo en los momentos más inoportunos e incómodos.

Si somos sinceros, sabemos que ignorar nuestras emociones tiene un alto costo. Nos perjudica y pone a prueba nuestras relaciones. Cuando otros comparten sus sentimientos vulnerables, podemos sentirnos perdidos, abrumados o acusados de ser insensibles. Si solo hemos aprendido a tratar nuestras propias emociones con dureza, no es difícil imaginar que extenderemos ese mismo trato a las emociones de los demás.

Puede que logres evitar a ciertas personas o situaciones, pero no puedes evitar tus emociones. Tratar de ignorar tus emociones es, en cierto sentido, tratar de ignorarte a ti mismo, porque fuiste creado como un ser emocional. Las emociones te acompañan todos los días. Entonces, ¿por qué seguir luchando contra ellas cuando nuestra experiencia nos dice que este enfoque simplemente no funciona?

Esto es lo fascinante. Al igual que aprendemos a vestirnos según el clima exterior, también podemos aprender a “vestirnos” según nuestro clima emocional. Imagínate tener un guardarropa emocional, un conjunto de recursos internos para cada clima emocional. Quizás un paraguas y un impermeable para los días tristes y lluviosos, un abrigo cálido y botas para los días emocionalmente fríos o solitarios, gafas de sol y un sombrero para los días luminosos y alegres.

En lugar de tratar tus emociones como problemas que hay que controlar o evitar, considera aprender a abordarlas con amabilidad y curiosidad. Aprende a escucharlas, a conocerlas y a hacerte amigo de ellas, y observa cómo surgen, desaparecen y evolucionan de forma natural. Desarrollar esta sintonía emocional y reunir el “equipo emocional” adecuado para las distintas emociones puede guiarnos hacia un sentido más profundo de shalom.

Por Bonnie Kim

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